El Cholo siempre había estado hasta ahora en una zona de confort, ajeno a la inestabilidad inherente de un banquillo profesional. En las buenas, fenomenal; en las menos buenas, el palco como coartada y parapeto ante la afición. En ambos casos siempre cargaba ‘gasolina super’ en su depósito. Un entrenador por encima de los resultados, una rara avis en el fútbol. Un adimento para que su figura no dejara de crecer, una excepcionalidad que le diferenciaba del resto de ‘colegas’. El silencio era su aliado. Un hombre de club.
Sin embargo, el Cholo, que tonto no es, fue el primero que se dio cuenta de lo que la llegada de Alemany significaba, también porque el nuevo ejecutivo nunca lo disimuló. Mateu, desde su primera intervención pública, habla de club, no habla de entrenador. El discurso había cambiado.
La incomodidad del Cholo se notaba, y tampoco hacía nada por disimularla, consciente que el mercado invernal le daría la excusa para verbalizar ese malestar. Las declaraciones, los gestos y los cambios rocambolescos estaban en el guión. Nada ha sido improvisado en esta puesta a escena. Por estas fechas, otros años llegaron Gabriel Bautista, Doherthy, Moldovan…y entonces, silencio stampa. Pero ahora el statu quo es otro. Por eso, Simeone está en guerra.

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