Antes era un ciclista el que estaba bajo sospecha de haberse dopado; ahora es un país entero el que está señalado por amparar la práctica del doping. Contador ya pedalea por carreteras portuguesas pero lo que debería llenarnos de alegría nos deja, sin embargo, un sabor amargo por las formas y los tiempos que se han empleado en su espinoso caso.