La llegada de Abdullah Bin Nasser Al-Thani al Málaga fue recibida con recelo. Su figura despertaba desconfianza en buena parte de los seguidores malacitanos que no se fiaban de las intenciones del jeque. Creían que la compra del Málaga por algo más de nueve millones más el pago de las deudas acumuladas no eran otra cosa que un capricho de rico. Ni un estadio de atletismo en régimen de arrendamiento, ni la posterior reforma del mismo para que entrenara la plantilla, ni la finalización de las obras de La Rosaleda, ni los 17 millones de euros gastados en fichajes el pasado verano disiparon las sospechas alrededor del nuevo dueño multimillonario del club.